lunes, 19 de abril de 2010

¿Cómo aliviar los síntomas del asma?


Ya es primavera.Mantener una calidad óptima del aire interior previene el agravamiento de enfermedades respiratorias como el asma


El asma en España afecta a un 5% de la población adulta, y entre el 8% y el 12% de los niños y adolescentes. En valores absolutos el asma asciende a más de 3 millones de adultos y más de medio millón de niños hasta los 14 años.
En la actualidad es la enfermedad crónica más prevalente en la infancia que cursa con inflamación de los bronquios y hace que éstos se obstruyan y sean muy sensibles a una gran variedad de estímulos del ambiente.
Los principales síntomas son: sibilancias, tos persistente, rigidez torácica y dificultad para respirar, especialmente temprano por la mañana o durante la noche.
Las causas del aumento de la incidencia del asma son varias, y van desde una mayor exposición al polen o a los ácaros del polvo doméstico a la cada vez mayor presencia del humo del tabaco en el aire ambiente.
Pasando por la presencia de sustancias industriales de todo tipo en el interior de los edificios y en el aire exterior. Todos ellos son potencialmente contaminantes y alergénicas.
Los datos recopilados en numerosos estudios, epidemiológicos y ambientales, muestran como se ha producido en las últimas décadas un incremento de enfermedades como el asma. Paralelamente, han aumentado las concentraciones de diversos contaminantes atmosféricos.
Los agentes biológicos más prevalentes son los virus, las bacterias, los hongos, las algas, las amebas, y los pólenes.
El tratamiento del asma consiste principalmente en la administración de medicamentos antiinflamatorios y broncodilatadores. También son eficaces las medidas de evitación de alérgenos (purificar el aire, fundas antiácaros, reducir la humedad, retirar alfombras y moquetas, evitar peluches y libros en el dormitorio).
El uso de purificadores y filtros en los aparatos de aire acondicionado con bombas de calor incrementa la calidad del aire interior, con lo que se previenen posibles complicaciones en el sistema respiratorio.


Recomendaciones generales para las personas alérgicas y asmáticas a tener en cuenta en los ambientes interiores:

- Mantener la casa bien ventilada, evitando la humedad y controlándola con deshumidificadores y aires acondicionados.

- Limpiar el polvo con un trapo húmedo y aspirar a menudo los espacios interiores.

- Si se tienen mascotas, lavarlas y cepillarlas frecuentemente.

- Utilizar unos sistemas de aire acondicionado adecuados, usando filtros como Filtrete, que deben cambiarse cada 2 meses, tanto en invierno como en verano.

- Mantener cerradas las puertas y las ventanas en las épocas de gran polinización, y utilizar filtros Filtrete para reducir el polen en el ambiente.

- Usar purificadores de aire Filtrete para limpiar el aire de alérgenos, y procurar cambiar su filtro cada 3 meses.

- Evitar fumar en espacios interiores.

- Evitar el uso de irritantes, como ambientadores o productos de limpieza con olores fuertes, así como cualquier otro producto que se base en aerosoles.

- Evitar los muebles tapizados, las alfombras, los peluches y todos los tejidos en los que sea fácil que se acumule el polvo.

domingo, 18 de abril de 2010

Los deportes y la edad


El ejercicio físico es beneficioso para todas las edades. Su práctica cotidiana mejora nuestra calidad de vida, previniendo enfermedades futuras, tanto crónicas como agudas.

Pareja mayor haciendo 'footing'
El ejercicio conlleva una serie de limitaciones que han de tenerse en cuenta
©PhotoDisc
Desde luego, ante la práctica del ejercicio, y más si se ha mantenido una vida sedentaria, hay una serie de limitaciones que se deben tener en cuenta:

  • La edad.

  • Antecedentes personales, tanto clínicos (situaciones de precaución serán la existencia de patologías cardiovasculares, respiratorias y otras) como deportivos.

  • El estado físico actual, y

  • Los propósitos que se plantean en cada caso para la práctica del ejercicio: recreativos, terapéuticos, competitivos.

Partiendo de estos enunciados, en este tema se expone la necesidad y beneficios de realizar ejercicio físico, especialmente para tres grupos, los mayores, los niños y las mujeres, exponiendo una relación de deportes indicando en cada uno de ellos su conveniencia aconsejable, según la edad.

Los mayores y el ejercicio

Ser mayor no implica estar sentado o acostado la mayor parte del día. La actitud de quienes se han quedado quietos y aislados es un estilo que se debe evitar. A los mayores se les recomienda realizar ejercicio físico personalizado, siendo beneficioso tanto física como psicológicamente. Muchos de ellos pueden no haber realizado ejercicio como forma de actividad física, pero practicar alguna actividad de manera regular aporta los siguientes beneficios:

  • Disminuye el dolor articular

  • Mejora la movilidad y flexibilidad

  • Incrementa la masa ósea y muscular

  • Favorece la pérdida de peso

  • Regula la actividad intestinal

  • Reduce la ansiedad y el riesgo de depresión

  • Mejora el insomnio y

  • Favorece los reflejos y la coordinación, lo que conduce a una mayor autonomía personal. Incluso mejora el ambiente social de la persona implicada si el ejercicio se realiza en grupo.

Ante la realización de una actividad física, el programa y las recomendaciones deben ser personalizadas, siendo necesario, como se planteaba al inicio, conocer las limitaciones de cada individuo. Puede ser necesario un electrocardiograma y una prueba de esfuerzo para valorar qué actividades pueden ser efectuadas y comparar, tras un tiempo de actividad, los resultados obtenidos. Y por ejemplo, si hay un exceso de peso, se ayudará iniciando y manteniendo un plan de adelgazamiento o, si los problemas son articulares, se les ayudará iniciando su movimiento y ejercitándolas.

Tras esta primera fase, el siguiente paso es saber qué actividad le gustaría realizar, para que se encuentre lo más motivado posible. Los mayores con enfermedades crónicas eligen en su amplia mayoría andar como forma de ejercicio físico, aunque podemos nombrar otras actividades, como el tai-chi, natación o de forma más específica, “aqua-gym” o gimnasia en el agua. Sobre todo, es necesario evitar ejercicios con impactos o saltos.

Los niños y el deporte

La práctica del ejercicio físico es una costumbre que debe cultivarse desde temprana edad, siendo incluso de interés social que sea una parte importante de la educación de niños y jóvenes.

En los niños, conforme se ha ido desarrollando la investigación científica al respecto, se pueden realizar propuestas tanto para aumentar el nivel del rendimiento deportivo como, en definitiva, aumentar la calidad de vida, sobre todo, futura.

En el desarrollo infantil intervienen diferentes variables, hormonal, antropométrica, neurológica, ambiental... Mientras que el componente hormonal que determina el desarrollo sexual, y con ello importantes cambios en el cuerpo, tiene su pico en la pubertad, entre los once a catorce años, el neurológico ya está profundamente desarrollado desde mucho tiempo antes y por ello, se tiene muy en cuenta en los entrenamientos deportivos desde temprana edad.

Esto permite ensayar ejercicios relacionados con la fuerza mucho antes de la adolescencia, siendo su objetivo no el desarrollo de masa muscular, sino un mayor reclutamiento de fibras musculares en cada movimiento deportivo, a través del desarrollo de la coordinación, optimizando la calidad de la fuerza a través del desarrollo de otras capacidades. Esas destrezas se aprenden mucho mejor cuando el deportista es un niño, y pueden desarrollarse a niveles más altos que si se comienzan a enseñar mucho más tarde.

Los entrenamientos de la fuerza en los niños pueden comenzar a partir de los 8 años, cuando su sistema nervioso central ha alcanzado un desarrollo importante. El trabajo apunta al aumento de la fuerza real del niño a través de la estimulación de su sistema nervioso, logrando hacerlo más fuerte al optimizar su coordinación intermuscular, por ejemplo, con juegos de lanzamiento, de salto, de circuito, etc.

Cuando llegue el momento del desarrollo hormonal, sobre todo en la pubertad, se podrá empezar a entrenar la fuerza intramuscular, su técnica se habrá desarrollado enormemente y aun cuando ese pequeño deportista no se convierta posteriormente en un atleta de competición, las capacidades desarrolladas le proporcionarán una mejor calidad de vida, incluso si sólo practicara una actividad física de forma recreativa.

Mujeres y actividad física

La actividad física regular, combinada con los buenos hábitos alimenticios, puede mejorar la salud de las mujeres y contribuir a prevenir muchas de las enfermedades que constituyen las principales causas de muerte y discapacidad que las afectan en todo el mundo. Pensemos de nuevo que se estima que más del ochenta por ciento de las mujeres por encima de los cuarenta años pasan sentadas la mayor parte del día.

Como ya se ha indicado, el ejercicio ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares, donde se incluyen patologías cardíacas, cerebrovasculares e hipertensión arterial, que representan un tercio de la mortalidad femenina de todo el mundo.

La conjunción de actividad física regular y una dieta controlada y saludable es un medio totalmente eficaz para prevenir y controlar estos problemas, y otros, como la obesidad, la diabetes, osteoporosis o artritis, además de ayudar en la menopausia e incluso durante la gestación, donde se puede mantener la actividad física que mejorará ampliamente la flexibilidad y fuerza necesarias.

Actividades como andar, bailar o correr son esenciales para disminuir la pérdida ósea y mejorar la fuerza muscular y el equilibrio, disminuyendo el riesgo de caídas, por lo que se contribuye de esta forma a prevenir las fracturas.

Pero el ejercicio regular no sólo muestra sus beneficios en el plano físico, sino que puede mejorar la calidad de vida de la mujer al intervenir favorablemente en las esferas psíquica y espiritual reduciendo el estrés, la ansiedad, la depresión y el sentimiento de soledad, lo cual es particularmente importante para las mujeres, ya que su índice de depresión duplica al de los hombres. La actividad física ayuda por tanto a desarrollar la autoestima y la confianza y promueve el bienestar psicológico y la integración social.

Actividades físicas y edad

A continuación se relacionan por orden alfabético determinadas actividades físicas, sobre las que sólo se pretende plantear unas recomendaciones básicas en referencia a la edad aconsejable de realización para cada una de ellas.

Atletismo

Según el tipo de actividad, puede practicarse de la niñez a la mediana edad, favoreciendo la resistencia, fuerza, coordinación y la eliminación de grasas. Las lesiones pueden ser de espaldas, articulaciones y otras.

Aeróbic – acuaeróbic – “step”

Desde la adolescencia a la tercera edad, teniendo en cuenta que los impactos deben reducirse según la edad para no cargar las articulaciones, especialmente las rodillas, además de que hay que mantener un ritmo cardíaco adecuado. Se recomiendan hasta tres sesiones semanales, descansando un día entre ellas.

Andar

Debe fomentarse en todas las edades, especialmente entre los mayores, por ser un ejercicio de bajo riesgo, que puede hacerse rutinario y, diario y, no necesita un gasto económico considerable. Podemos incluir aquí el andar de forma vigorosa.

Bádminton y squash

De la juventud a la mediana edad, mejoran la coordinación, potencia y equilibrio. Riesgos: golpes y torsiones.

Bailes de salón

Ejercicio excelente, que ofrece la oportunidad de disfrutar en grupo. Se indica para todas las edades, mejorando músculos, huesos, coordinación y favoreciendo la pérdida de peso. Según su intensidad, son recomendables dos, tres sesiones cada semana, empezando de forma suave. Hay que tener cuidado con las rodillas y tobillos.

Baloncesto y balonmano

De la infancia a la madurez, mejoran fuerza muscular, velocidad y reflejos, situándose el riesgo de lesiones en hombros, tobillos y rodillas.

Ciclismo

De niños a mayores, siendo recomendable que por encima de los cincuenta año, se valore su práctica en circuitos fuera de la carretera. Se necesita un equipo especial. Favorece la musculación de las piernas. Recomendable realizarlo tres veces por semana.

Correr (jogging)

Para cualquier edad, aunque si se inicia por encima de los cuarenta años, es recomendable empezar con un andar vigoroso, llegando a una frecuencia de tres a cuatro veces por semana, al menos alcanzando veinte minutos.

Esquí

De niños a mayores, mejora el equilibrio, coordinación, agilidad y potencia, quema grasas y fortalece músculos y huesos. Lesiones, por torsiones y golpes.

Fútbol

De niños a mayores, mejora fuerza muscular, coordinación y agilidad. Su riesgo son las lesiones en rodillas, tobillos e ingles.

Golf

De la pubertad a los mayores, favorece a los huesos y, la coordinación y potencia, con el riesgo de las lesiones de espalda, por las torsiones realizadas al golpear.

Natación

Ejercicio que potencia los principales músculos. Recomendable tres a cinco sesiones semanales, para todas las edades e incluso durante y después de una gestación, para mejorar las articulaciones y la flexibilidad.

Pesas

Desde los dieciocho años a la tercera edad, dos o tres veces semanales. El peso debe adaptarse individualmente de forma adecuada.

Petanca

Deporte relajado, se puede practicar a cualquier edad, y favorece el desarrollo de la coordinación y precisión. Sus riesgos de lesiones son prácticamente inexistentes.

Surf. Patinaje sobre hielo y en línea

Deportes indicados desde niños a personas de mediana edad, de tres a cinco veces semanales.

Tenis

De niños a mayores, con el riesgo de torsiones y, lesiones por la pelota.

Tenis de mesa

De la infancia a la tercera edad, mejora la coordinación, velocidad, agilidad y reflejos, con riesgo igualmente de torceduras y golpes.

Vela

En función del tipo de embarcación se practica de diferente forma. Es aconsejable de la niñez a la mediana edad. Su práctica mejora la coordinación y el equilibrio y sus riesgos son lesiones en hombros y espalda.

Dr. Sergio García Vicente , Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.

sábado, 17 de abril de 2010

Conveniencia del ejercicio físico


Hoy en día está totalmente demostrado que las personas que practican ejercicio físico con asiduidad mejoran su salud y su calidad de vida y llegan a una edad más avanzada en mejor estado de salud general. El ejercicio físico controlado y sostenido aporta los siguientes beneficios:
Mujer en bicicleta estática
La actividad física es beneficiosa para todos
©PhotoDisc
  • Intensifica el bienestar emocional, disminuyendo el estrés, la ansiedad y el sentimiento de depresión.
  • Ejerce un papel preventivo y protector contra las siguientes enfermedades:
    • cardiovasculares: reduce el colesterol, aumenta la capacidad pulmonar y previene la hipertensión arterial;
    • óseas y musculares, favoreciendo el desarrollo muscular y la flexibilidad de las articulaciones;
    • o degenerativas y cancerígenas, mejorando el sistema inmunológico y aumentando la resistencia a las infecciones.

  • Ayuda a controlar el peso y prevenir la obesidad.
Además, el hábito de la actividad física regular ayuda a prevenir y controlar -especialmente entre los niños y los jóvenes- los comportamientos de riesgo, como el consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias, los regímenes alimenticios poco saludables y la violencia. En suma, es beneficioso en nuestras actividades cotidianas y para ambas esferas, física y psíquica. Como datos destacados, las personas activas tienen:
El sedentarismo de la sociedad actual
Pero sobre todo lo dicho, prevalece hoy en día la inactividad física, que se ha convertido en un importante problema de salud pública que afecta a millones de personas en todo el mundo: se estima que a partir de los cuarenta años más de un cuarenta por ciento de hombres y más del ochenta por ciento de mujeres de nuestra sociedad, pasan sentados la mayor parte del día. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en las últimas décadas sobre la necesidad imperiosa de abandonar el sedentarismo, típico de estilos de vida occidentales, promoviendo la actividad física para mejorar la salud, adoptando formas de vida más saludables.
Está comprobado
Está totalmente demostrado que las personas que practican ejercicio físico con asiduidad, con independencia de su edad, mejoran su salud y su calidad de vida.
Junto a los beneficios individuales descritos, la actividad física regular presenta destacadas ventajas sociales y económicas: reducción del gasto en atención sanitaria y en absentismo laboral, mejor rendimiento escolar y, aumento de la participación en actos deportivos y recreativos, entre otras.
Precauciones antes del ejercicio
La actividad física es beneficiosa para todo el mundo, pero en determinadas ocasiones no debe practicarse el ejercicio sin contar con el consejo médico.
Las personas que deberían asesorarse antes de hacer ejercicio son las que presentan situaciones como:
  • Problemas cardiovasculares, incluyendo la hipertensión arterial, que para ser descartada requiere tomas regulares de la tensión.
  • Problemas respiratorios.
  • Osteoporosis (será necesaria una densitometría para valorar la densidad ósea).
  • Procesos inicialmente banales, como la gripe (que puede requerir no realizar ejercicio hasta que uno se encuentre totalmente recuperado).
  • Mujeres embarazadas: hay actividades físicas que deben evitarse.
Igualmente, a partir de los cuarenta años la práctica de ejercicios vigorosos debe abordarse con precaución.
Todas estas situaciones requieren una consulta previa con su médico para evitar problemas añadidos. De todas formas, si se ha mantenido una vida sedentaria, es recomendable un chequeo médico antes de iniciar un ejercicio físico. Las primeras sesiones deberán ser muy suaves y la intensidad, aumentarse gradualmente.
Frecuencia del ejercicio. Limitaciones
El deporte ayuda a distraerse y divertirse. La práctica del ejercicio requiere una intensidad, ni muy alta ni muy baja, regla que se debe aplicar en cualquier deporte, pues un exceso siempre es desaconsejable. La frecuencia cardiaca, mediante la toma del pulso y la respiración, son procesos que se deben controlar, revisando nuestro entrenamiento si es necesario, incluso con la ayuda del médico y el entrenador físico.
La norma básica general, flexible, es dedicar unos treinta minutos como mínimo, entre tres y cinco veces semanales. Incluso puede ser necesario descansar como mínimo un día, para permitir la recuperación muscular y articular.
Pero también el exceso es negativo. Teniendo en cuenta que el objetivo básico del ejercicio físico es ayudar al cuerpo a mejorar su bienestar, conservando el ya logrado, en ocasiones se puede desvirtuar este objetivo y llegar a poner en riesgo la salud. Por ejemplo, en situaciones de alto rendimiento, si la actividad está siendo mal desarrollada, las esferas mental y física pueden verse amenazadas. Hay que comentar aquí el aumento de la vigorexia (adicción al ejercicio), como extremo de la práctica física, que puede llegar a ser tan nociva como otras adicciones.
Respecto a las lesiones físicas, la mayoría bien conocidas, si el ejercicio está bien realizado, en coordinación con un experto y adaptándonos a nuestra capacidad y limitaciones, no se tiene por qué correr riesgos. La consulta con un especialista antes de comenzar la práctica y el chequeo permanente y periódico de las propias condiciones, es por tanto, bien aconsejable.
Para estudiar las posibles limitaciones deben tenerse en cuenta:
  • La edad.
  • Los antecedentes personales deportivos: sedentarismo o prácticas anteriores, estado físico, lesiones pasadas, etc.
  • La historia clínica y estado físico actual: peso, hipertensión arterial, estado nutricional y
  • Los objetivos planteados con el ejercicio: competitivos, recreativos o terapéuticos.
El calentamiento
Antes del inicio de cualquier tipo de ejercicio hay que realizar una sesión de calentamiento para preparar al cuerpo para la actividad, sobre todo el sistema muscular, con estiramientos, con el fin de obtener el máximo beneficio del ejercicio y evitar lesiones corporales.
El calentamiento consiste en efectuar ejercicios rítmicos y suaves, trabajando diversas zonas corporales, para estimular el movimiento en todo el cuerpo. Con estos ejercicios se aumenta la temperatura corporal, acelerando gradualmente tanto la frecuencia cardiaca como la respiratoria. Con todo ello, evitaremos lesiones musculares y, también, cardiovasculares.
Hay que dedicar entre cinco y diez minutos, estirando los músculos con ayuda de una respiración regular y profunda, sin llegar a forzar en exceso. Además, mejoraremos enormemente la flexibilidad.
Enfriamiento
Suele olvidarse esta parte final, dentro de un episodio de realización de ejercicio físico. Mediante el enfriamiento, a través de ejercicios suaves -igual que en el calentamiento- reducimos progresiva y lentamente el ritmo cardiaco, respiratorio y la temperatura corporal, relajando las tensiones físicas y evitando las temidas agujetas. Estos ejercicios pueden y deben ayudarse inicialmente con una reducción del ritmo del ejercicio que estemos practicando: correr un poco más despacio, pedalear más suave, etc.
Los ejercicios de enfriamiento deben realizarse durante unos cinco minutos, tras la conclusión del ejercicio. Si no se está en forma, deben prolongarse unos minutos más. No olvidar tener una sudadera a mano para protegerse del descenso de la temperatura corporal, evitando así los resfriados.
Conclusiones: Mantener el sentido común y fomentar el deporte desde la niñez
En muchas ocasiones, el placer que produce la práctica de la actividad física hace descuidar las propias limitaciones, y nos puede hacer ir más allá de ellas. No olvidemos que nuestro cuerpo dispone de mecanismos de defensa a los que no hay que hacer caso omiso: por ejemplo, la aparición del dolor.
Por ello y, con nuestro sentido común, que nos debe mantener en un nivel saludable, apoyándonos en el profesional, médico y entrenador físico, evitaremos las complicaciones de la actividad física en exceso e incluso llegar a la descrita “vigorexia”.
Para finalizar, como casi todo en la vida, la práctica del ejercicio físico es una costumbre que puede y debe cultivarse desde temprana edad. Por ello es importante que sea una parte destacada de la educación de niños y jóvenes. Sin embargo, nunca es tarde para comenzar a abandonar el sedentarismo y mejorar la calidad de vida, estando aconsejado el ejercicio en cualquier edad, incluso para los mayores.
Dr. Sergio García Vicente , Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.